Travesías hacia Territorio Loco

Lo que son: hijos sanos del patriarcado

Actualizado: abr 15


Manta de EnPrimeraPersona A.C. que lee 'Entre ser loco y loca... hay un patriarcado de diferencia'

Por la importancia que tienen en construir la impunidad del feminicida (o femicida), es hora de cuestionarnos qué entendemos socialmente como "Locura" y "normalidad"; para ello, se colocan en versales determinados términos o palabras para hacer notar la falta de conciencia sobre el cuerdismo que este artículo desea contrarrestar.

En 1910, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas estableció el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Desde 1975 forma parte de las efemérides oficiales de la ONU. Inicia como conmemoración de mujeres que mataron en un incendio por estar encerradas en una fabrica exigiendo derechos laborales, un día sobre mujeres trabajadoras con conciencia de clase. Hoy se le conoce como el #8M, y convoca a mujeres del mundo en masiva protesta contra las violencias patriarcales. No es del todo un desclasamiento de la conmemoración: Las mujeres trabajadoras en condiciones precarias son aún más vulnerables a las violencias. Eso, lo aprendimos de la negra memoria del "Caso Campo Algodonero", cuyo nombre en sí, es una suerte de eufemismo; y es que, llamarlo "Caso Las Muertas de Juárez" revictimizaba a Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y Laura Berenice Ramos Monárrez, niñas y trabajadoras de fábricas "de maquila", asesinadas, humilladas y torturadas con total indiferencia por parte de las autoridades.


Para las mujeres latinoamericanas es importante este cruce entre clase y violencia, pues si bien, del "Caso Campo Algodonero" surge la jurisprudencia sobre el término feminicidio y la obligación de juzgar con perspectiva de género, la realidad para nosotras es que la relevancia de la narcoviolencia no fue incluida entre las causas estructurales analizadas en dicha sentencia y por tanto, queda invisibilizada su repercusión en determinadas vidas (pobres, precarizadas, obreras, Locas, consumidoras de sustancias legales e ilegales, mujeres en situación de calle y otras "olvidadas" de las bienintencionadas instituciones). Con ello, se generó una deuda con todas las demás víctimas en nuestra región y un reclamo de justicia que continúa once años después de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.


La violencia y la discriminación de las que las mujeres seguimos siendo víctimas, parecen ir en aumento en nuestros países. Por dar un ejemplo, en Nicaragua, en los primeros dos meses de 2020 se perpetraron 12 femicidios y para 2021 en el mismo período se registraron 14 femicidios, esto en un país de 7 millones de habitantes. Esta situación se presenta en países que han ratificado convenciones internacionales como la CEDAW, que exhorta a los Estados a tomar “todas las medidas necesarias” para cambiar las actitudes sociales y culturales y eliminar los prejuicios y las prácticas tradicionales basadas en estereotipos o ideas que discriminan a las mujeres.


Pero incluso ahí donde jurisprudencia y los instrumentos de derechos humanos hacen conversación, ahí en las charlas de lo cotidiano donde mujeres (incluidas las que se asumen como feministas) intercambian pareceres sobre las violencias que nos matan, se ha vuelto lugar común seguir a los medios de comunicación o por opinión pública, y llaman a los feminicidas "locos o enfermos mentales", indagan si poseen lo que la psiquiatría denomina "trastorno de personalidad"; lo que resulta en restar importancia al delito cometido y a la suerte de la víctima.


Ese uso de la etiqueta psiquiátrica potencia el riesgo de la impunidad, pues los feminicidas se escudan ahí para evadir la responsabilidad penal en sus crímenes en una sociedad patriarcal y misógina que se los permite. La discusión y la indignación, tanto en el ámbito de lo público como de lo privado quedan sesgadas por el paradigma biomédico y los estigmas sobre peligrosidad.


Tanto al femicida o feminicida, como al violador y al agresor, se les tilda de "locos" para justificarlos y ampararlos en una sociedad y legislación cuerdista, que guiada en el estereotipo de peligrosidad-locura de las etiquetas psiquiátricas, olvida que son sujetos sanos y racionales que saben bien como actuar y qué decir para obtener el máximo de sus privilegios en un sistema misógino y machista que los encubre.


Debemos dejar de lado esa caricatura de que el femicida/violador/agresor es disfuncional, que tiene alguna "enfermedad mental", que es incapaz de insertarse en la sociedad, que es casi como un animal o que vive oculto y solitario, porque no es así. Ellos viven, trabajan y se relacionan como cualquiera de nuestros vecinos, y en la mayoría de los casos han sido o son de nuestro círculo más cercano. Su racionalidad se alinea con un sistema patriarcal que los ampara, porque son sus hijos, si, son hijos sanos del patriarcado.


Recordemos que en la región, la jurisdicción penal se ha apartado poco o nada de las "clásicas" nociones de la inimputabilidad como eximiente de culpa. Las legislaturas en Latinoamérica por desidia o por machismo, son omisas en hacer toma de conciencia y armonizar la legislación penal a los estándares de derechos humanos del sistema universal que prohíben el uso de la llamada "defensa por locura". De ahí la importancia para la Redesfera discutir e incidir sobre capacidad jurídica (ver artículo 8, 12 y 13).


Como mujeres de la diversidad psicosocial queremos alertar a autoridades y a las otras mujeres con las que interactuamos, que los feminicidas "ni son locos, ni limítrofes, ni irracionales". Así que digamos las cosas como son, llamémosles asesinos, femicidas, violadores, agresores. Llamarles locos o enfermos mentales no ha hecho más que sostener e incrementar el estigma, la discriminación y la ignorancia sobre las personas que experimentan sufrimiento psíquico o que han sido psiquiatrizadas: las personas usuarias, ex usuarias o sobrevivientes de la psiquiatría, personas locas, entre otras identidades de la diversidad psicosocial.


Si no podemos esperar una rectificación de medios de comunicación y autoridades, aún guardamos esperanza en las compañeras feministas que acompañan los justos reclamos de las víctimas de violencia y sus familias. Por ello, nos unimos a la exigencia de justicia en nuestra región y les recordamos que entre ser loca y ser loco, hay un patriarcado de diferencia; a las mujeres durante siglos se nos ha llamado locas cuando expresamos emociones que han sido socialmente aceptadas y reservadas a los hombres, cuando nos rebelamos ante la opresión, cuando hemos exigido nuestros derechos ante un sistema desigual y defendido nuestra dignidad.


Encontramos indispensable en este #8M, hablar desde nuestra conciencia de clase, de obreras, de mujeres Locas, de mujeres vulneradas por el sistema capitalista que nos oprime a todas, todos, todes y recordarles que la Locura es un modo legítimo de rebelarse y responder ante la normalidad opresora, por el contrario el femicida, el agresor y el violador encarnan la normalidad, la opresión, actuando toda la violencia que este sistema ejerce hacia y contra las mujeres. Dejemos de sostener el cuerdismo que les hace impunes.


Es hora de cuestionarnos qué entendemos socialmente como "Locura" y "normalidad", situándonos en este sistema patriarcal, machista y misógino.

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