Travesías hacia Territorio Loco

Nuestra sexualidad como territorio en resistencia

Composición de desnudos. Obra de Paulina Sepúlveda. En tonos marrones dos mujeres desnudas sentadas cuyos rostros no se pueden ver

Me atrevo a abordar este tema como sobreviviente del sistema de salud mental, y también como testigo de más experiencias como la mía. Tengo treinta y siete años. Siglo XXI. El control impuesto violó mis derechos. No fui informada de los efectos adversos del carbonato de litio que me administraron con el nombre de “Carborone retard”, como abordaje a lo que denominaron enfermedad del ánimo: Trastorno Afectivo Bipolar tipo 1. Dicha etiqueta diagnóstica, me mantuvo a lo largo de diez años en un carrusel de consumo de antipsicóticos, benzodiacepinas y estabilizadores del ánimo, entre muchos otros.

Creo necesario reflexionar acerca de lo que se entiende por “salud mental” pues se sigue considerando a la psiquiatría como ciencia de la medicina, olvidando que desde sus inicios ha actuado aliada a enfermar más que a sanar. Es quien lleva “el orden” del comportamiento, es el status quo desde la salud mental.


Se debe desarrollar una línea del tiempo para que los ejemplos no se puedan seguir negando, esta es una tarea colectiva.


Por mi experiencia personal con los psicofármacos, y por considerarlos una herramienta de tortura moderna, prefiero referirme a ellos como drogas psiquiátricas, porque soy una mujer sobreviviente a la represión química. En el lenguaje técnico de las guías de abordaje psiquiátrico le llaman contención química, concepto que permite invisibilizar la realidad, esa contención es tortura.

“Está Contenido” dicen; lo que en realidad significa “Está amarrado. Se contiene. Se reprime”.

La “contención química” es tortura, pues lo que hacen los químicos es reprimir. Amarran los instintos. Confunden nuestros sentidos. Cubren el dolor. Silencian las palabras. Aíslan la mirada. Castigan la musculatura. Dañan nuestros órganos.

Esa invisibilidad de las “prácticas psiquiátricas” fue la que permitió la vulneración de mis derechos. Y es la que sigue siendo cómplice de esta represión en más mujeres en la actualidad; por eso, me interesa aclarar que el abordaje psiquiátrico manipula, interpreta, juzga y prohíbe la sexualidad.


La represión del deseo es una medida perversa. El tabú presente en nuestra sociedad, va permitiendo a su vez silenciar la denuncia de esta práctica dentro de un sistema de control total.


Así como se ha logrado imponer medidas a la mutilación genital femenina con que se vulnera a la mujer en diferentes culturas, para nosotras, las Locas, es urgente sacar a la luz los efectos adversos con los que baraja sin responsabilidad el modelo de “salud mental” que rige en Chile y presente en toda la región.

Todo lo anterior, también aplica si hablamos de nuestra fertilidad y es que ¿quién se hace cargo de las amenorreas como efectos adversos de las drogas psiquiátricas? Efecto que “conozco” muy bien. No solo en mi experiencia, sino que en más mujeres que atravesaron y siguen atravesando el “sistema” en edad fértil, como yo bien lo estuve.


Alterar el funcionamiento de mi libido o el de cualquier persona, viola toda dignidad humana. Ejercer la sexualidad es un derecho. La vergüenza y el pudor de hablar sobre la falta de deseo, es algo con lo que fue difícil convivir por muchos años y la razón por la que me estoy atreviendo a reconocerlo es porque no estoy sola.


Decidí sacar a la luz este dolor porque ese silencio se nos impone como “usuarias” del sistema de salud mental. No vamos permitir que el sistema lo siga considerando como un tema menor. Hay consecuencias que perduran después de haber dejado de consumir las drogas psiquiátricas. Efectos que para los sobrevivientes de la psiquiatría, son prueba de lo que se nos dio a cambio de la confianza que alguna vez depositamos -o depositaron por nosotros- en el “sistema de salud mental”. Que no se olvide lo que nos hicieron.

Todo lo que narro no se ha considerado con la importancia que tiene por algunos feminismos que parecen estar atendiendo la vulneración de derechos de las mujeres. Aún así, desde el Feminismo Loco las invitamos a ser aliadas. Necesitamos colectivizar esta lucha, para atender esta causa con más fuerza y decisión sobre la salud que se nos negó.


Nada sobre nosotras -las mujeres-, sin nosotras las mujeres Locas. Nuestra voz, como sobrevivientes del modelo psiquiatrizador, debe oírse.


En primera persona,


Paulina Sepúlveda (Instagram, Facebook)

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